Reflexión sobre Romanos 8:28

En esta ocasión quisiera compartir con ustedes una breve reflexión sobre el muy conocido versículo Romanos 8:28: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados".

Es tan común para los cristianos pensar que ese "a bien" significa que todas las cosas buenas y malas al final me traerán un bien personal, terrenal, sentimental, etc. Confieso que por mucho tiempo pensaba lo mismo. Pero el escudriñar la Palabra de Dios incluye no perder de vista el contexto, por lo que el significado de ese versículo se vuelve totalmente claro si leemos completo el versículo 28 y el siguiente versículo 29.

Ese "a bien" es para alcanzar ese "propósito"... ¿y cuál es ese propósito? Se encuentra en el versículo 29: "para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo". O sea, todo lo que nos sucede en nuestra vida cristiana, cosas buenas y en especial las cosas malas, Dios las permite en nuestra vida para forjarnos a imagen de Jesucristo.

Así que podemos concluir que ese "a bien" podría no ser (e incluso nunca ser) un bien satisfactorio para nuestra vida personal y cotidiana, sino siempre será el objetivo principal de Dios en nuestras vidas: Ser imagen de Su Hijo.

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